Healthy breakfast. Bowl of yogurt with granola and berries

Chile 5.0 y la Era Saludable

Dime lo que consumes y te diré quién eres. De acuerdo a las tendencias alimentarias, el nuevo consumidor busca experiencias, salud, conveniencia o adaptación a su ritmo de vida, alimentos con historia o nativos, y también sustentabilidad y conciencia ambiental. Todo, catalizado por las palabras natural, orgánico o “sin”. En este contexto, Chile puede perfilarse como un actor relevante a nivel mundial echando mano a su riqueza en materias primas naturales, agregándoles valor a través de la extracción de sus compuestos bioactivos.

 

La apuesta por esta especialización de la industria se resume en la frase “ahora o nunca”. Para ello se han creado diferentes instrumentos desde las instituciones públicas, como el programa Transforma Alimentos de Corfo, y los Polos Territoriales de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA). Una apuesta que viene respaldada por los últimos estudios e informes de mercado publicados a principios de este año, como el Global Functional Food Ingredients Market Report 2017:Trends Analysis and Forecasts 2016-2022 de Research and Markets, el cual señala que el mercado va a experimentar un crecimiento (CAGR) de 5,5-6,0% durante el periodo 2016-2022.

 

Por otro lado, el informe Global Functional Food Ingredients Market de Transparency Market Research, muestra que el mercado de los ingredientes funcionales en 2016 alcanzó los 20,35 billones de dólares y se espera que para 2024 alcance los 32,4 billones de dólares. Este crecimiento en las ventas y especialización de ingredientes funcionales y aditivos naturales, ha impulsado una industria que trabaja en el aislamiento, selección y ensayo de validación funcional para su aplicación en la industria agroalimentaria. Para ello se desarrollan ingredientes con elevada pureza, y alta seguridad toxicológica y biodisponibilidad, los que se puedan utilizar en diferentes matrices con efectos saludables.

 

Estrechamente vinculado a ello está el mercado de los denominados “superalimentos”, donde destaca la quínoa, rica en proteínas pero además con péptidos bioactivos antihipertensivos. También figuran algas, arándanos, maqui, chía, amaranto, entre muchos otros recursos que podemos encontrar en nuestro territorio y de los cuales podemos extraer diferentes ingredientes funcionales.

 

Recientes estudios muestran un consumidor preocupado por su salud digestiva, dato de especial interés para Chile ya que produce inulina de la achicoria, fibra funcional-prebiótica por excelencia, utilizada en alimentos para la salud intestinal.

 

Otra oportunidad es el maqui, rico en delfinidina (antocianidina), al que se le atribuyen propiedades antiinflamatorias y de regulación de los niveles de glucosa. En el caso del tomate, por qué no pensar en nuestro patrimonial limachino y su alto contenido de licopeno, el cual se puede extraer, nanoencapsular y, por ejemplo, usar para elaborar un aceite de oliva con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

 

La innovación en productos con funcionalidad específica va a seguir creciendo en los próximos años, y Chile deberá mostrar al mundo su capacidad para extraer de sus materias primas ingredientes como los betaglucanos de la avena, para reducir el colesterol, o los ácidos grasos poliinsaturados (EPA y DHA) del pescado, la canola o la linaza, así como diversos extractos del quillay.

 

También las semillas de chía, y su elevado contenido de antioxidantes capaces de absorber 10 veces su peso en agua, expandiéndose en el estómago, pudiendo emplearse en la formulación de productos para la saciedad y el control del peso.

 

Muchas de estas innovaciones surgen como respuesta al progresivo aumento que ha experimentado la demanda de nutracéuticos o alicamentos, que pasará de los 29,48 billones de dólares facturados en 2016 a 45,58 billones de dólares el 2022, según el informe Nutraceutical Ingredients Market de Market Research.

 

Por otro lado, surgen nuevas matrices no alimentarias para estos ingredientes. Dentro del sector de la cosmética, los cosmecéuticos, crecerán casi un 6% de tasa compuesta anual, destacando los productos antienvejecimiento, y productos naturales para el baño e higiene personal.

 

Para conseguir los efectos que esperan los consumidores, debemos micro o nanoencapsular los ingredientes o principios activos, previamente extraídos con CO2 en estado supercrítico, por ejemplo para lograr una pureza y una calidad del ingrediente casi perfecta. En Perú por ejemplo, ya existen productos funcionales basados en quínoa, amaranto y sacha inchi, los cuales incluso se han presen- tado en la Casa Blanca de Estados Unidos. ¿Por qué no en Chile? Podemos aprovechar los aceites esenciales, pigmentos, antioxidantes, aromas del avellano chileno de la Araucanía, las algas o microalgas de nuestros mares, la uva, el maqui, la murta o el calafate, entre muchas otras materias primas.

 

Aquello nos permitirá “descomoditizar” nuestras exportaciones y empezar a elevar el grado de sofisticación de los productos y de nuestra industria. Tenemos en nuestras manos la gran posibilidad de crear un tejido industrial dinámico, mirando las tendencias que marcarán el futuro.

 

Otra oportunidad que tiene Chile, con importantes ventajas competitivas, es el poder ser un referente en el mercado de aditivos naturales, y adscribir a la tendencia “Clean label” o etiqueta limpia, estrechamente relacionada con la implementación de la Ley 20.606 sobre composición nutricional y el rotulado “Alto en”. Nuestras opciones para producir aditivos naturales especializados son múltiples, como la astaxantina, proveniente de microalgas; la lisozima, conservante natural proveniente de la clara de huevo; la goma de algarrobo como texturizante; y el limoneno o extractos de arándanos como antimicrobianos. En esta misma línea está el uso de hidrocoloides (carragenina, pectina y goma guar) extraídos de algas o del algarrobo, utilizados para la reducción del contenido de azúcar de los alimentos, o nuevas combinaciones de extractos de algas para reducir el contenido de grasa de los alimentos. Por último, estos aditivos combinados con nuevas tecnologías, como las altas presiones hidrostáticas o los pulsos eléctricos de alto voltaje, demuestran que se puede generar una gama de productos naturales y de alta seguridad alimentaria.

 

Todo esto posiciona a Chile a la vanguardia de los países con potencial de ofrecer al mundo ingredientes y aditivos especializados para la industria de alimentos 5.0, cumpliendo de esta manera con las expectativas de los consumidores más exigentes del mundo. ¡Aprovechemos este “Ecosistema Funcional” e innovemos!, ya que, debido al incremento de enfermedades crónicas no transmisibles y al progresivo envejecimiento de la población mundial, las proyecciones de este mercado son definitivamente insospechadas.

 

 

Fuente: www.opia.cl

Dr. Pedro L. Prieto-Hontoria