Ilusión Delboeuf 3

Condiciones ambientales que conforman el ambiente obesogénico en el hogar

En el ámbito científico se habla del ambiente obesogénico cuando queremos referirnos a las características del entorno físico y social que favorecen la ganancia de peso y, por consiguiente, la obesidad. Se ha caracterizado en términos generales como la combinación entre una escasa actividad física y la disponibilidad de alimentos de alto contenido calórico. Así, se ha observado que en la medida que las sociedades avanzan hacia niveles más altos de desarrollo económico ambas condiciones se hacen más frecuentes en dichas comunidades. Por ejemplo, el mayor acceso al automóvil resulta en niveles más bajos de actividad física en la población. Asimismo, mejores niveles económicos de la población favorecen el acceso (y la producción) a infinidad de alimentos. Esta realidad no es ajena a Chile, en los últimos 30 años han existido cambios sociales y económicos que han permitido la aparición de este gran entorno obesogénico.

 

La presencia de factores ambientales que gatillan la ganancia de peso no es sólo un problema de la sociedad en general sino que a nivel individual y familiar se expresa en ciertos elementos que es importante consignar. Efectivamente, el entorno social obesogénico solo es capaz de producir un real impacto en la medida que se entremezcla en los intersticios de las redes interpersonales mas básicas, las que en definitiva se relacionan más íntimamente con el individuo. En ese caso me referiré a la familia, que por la condición natural de ser la unidad básica de la vida social, merece una especial preocupación.

 

En el hogar hay varias formas de estimular el aumento de la alimentación, es decir de artificialmente favorecer la ingesta más allá de las necesidades de los individuos. Entre los elementos que producen este problema me gustaría destacar tres:

 

En primer lugar, las personas cada vez somos menos conscientes de lo que comemos. Un aspecto básico de la experiencia del comer, es sencillamente mirar y atender lo que se esta comiendo. Simple y directo. Pero lamentablemente, cada vez nos es más difícil lograrlo. Desde la Tv, pasando por el computador, y hoy en día los dispositivos electrónicos (celulares, tablet, etc), existe una infinidad de formas en que la gente pierde consciencia y desatiende lo que esta comiendo. Esta situación dificulta un aspecto central de la experiencia de alimentarse, la asociación entre las respuestas fisiológicas (hambre, saciedad y placer de comer) con los estímulos que lo producen. La falta de atención entonces puede ocasionar que una persona no logra modular su alimentación en relación a la saciedad. Imagine por un momento lo que ocurre cuando estamos en el cine y comemos un paquete de cabritas que no miramos en ningún momento. Somos capaces de comer mucho más de lo que esperamos. Del mismo modo, la falta de atención en el comer ocasiona que la experiencia de placer por comer disminuya fuertemente. Por eso las personas que comen distraídas sienten una experiencia menos positiva que los que sí atienden su alimento, y por lo mismo, tienden a comer a deshora mucho más frecuentemente. Este problema puede resultar mucho más significativo si se trata de niños que están aprendiendo a moldear su comportamiento en relación al ambiente y sus propias claves internas (fisiología).

 

 

Un segundo problema del entorno familiar puede ser la presencia de recipientes (platos) muy grandes. Se han realizado estudios que muestran que en los últimos 50 años los platos han aumentado en promedio 6 cm. Este aumento de tamaño genera la “ilusión de Delboeuf”. Este efecto nos indica que cuando un elemento del mismo tamaño es presentado en un marco más amplio, aparece a la vista como más pequeño de lo que es. Pensemos en un plato servido en un restaurant que incluye una porción de alimento servido en un plato muy grande. Esto genera la representación psicológica de “estar comiendo menos”. Esto es muy positivo para el restaurant porque fomenta el mayor consumo de comida. El comensal tendrá mas probabilidad de pedir un postre y un café o incluso otro plato. Pero si replicamos este aspecto en casa generamos un estímulo visual que, sin que seamos consciente de esto, nos impulsa a comer en mayor cantidad. En la figura que se presenta se observa la ilusión en toda su magnitud. Aunque las manzanas parecen de distinto tamaño, ¡son perfectamente iguales!. Hoy en día es muy fácil encontrar platos enormes y muy difícil encontrar platos normales (donde la porción normal llena el plato), siendo uno de los factores que solapadamente aportan al ambiente obesogénico (Ver imagen de la columna)

 

 

Finalmente quiero destacar un último aspecto del entorno familiar que puede favorecer la ingesta alimentaria innecesaria. Me refiero a la disponibilidad de alimentos en casa. Hoy en día en el hogar promedio existe una gran cantidad y variedad de comida disponible. Es común que las familias crean que lo adecuado es tener un refrigerador siempre lleno, o despensas siempre preparadas para proveer de todo tipo de alimentos. Incluido en este punto esta el comúnmente llamado “cajón de las cosas ricas”, un lugar donde se guardan todas aquellos alimentos percibidos como sabrosos pero poco sanos (galletas, chocolates, papas fritas, etc). Cuando las familias tienden a acumular –innecesariamente- comida en sus casas, desde la costumbre de hacer compras mensuales (y por ende abundantes) hasta, como se mencionó, almacenar comida para las mas diversas circunstancias, están causando sin saberlo un perjuicio a los miembros de la familia. Esta estudiado y demostrado que cuando hay sobreabundancia de alimentos existe lamentablemente sobreabundancia de consumo alimentario.

 

 

Existen muchos otros factores que en el entorno familiar pueden afectar la alimentación. Como hemos revisado en otras columnas, desde el estrés hasta las formas de relacionarse que existen en una familia van a modelar las conductas alimentarias de sus miembros. En este contexto es importante también considerar los factores aquí señalados pues, tanto en mi experiencia clínica, como en la investigación, demuestran ser elementos relevantes a modificar.

 

Autor: Jaime Silva Concha